Once cuestiones por las que los trabajadores huyen de las empresas, según IMF Business School

Once cuestiones por las que los trabajadores huyen de las empresas, según IMF Business School

Renunciar a un puesto de trabajo en un momento como éste, en el que el número de parados registrados en las oficinas de los Servicios Públicos de Empleo Estatal (SEPE) se sitúa en 3.202.509, puede parecer un poco descabellado. Hoy en día, tener trabajo se ha convertido casi en sinónimo de éxito. Sin embargo, eso no quiere decir que haya que aceptar cualquier oferta, aunque se trate de una empresa en la que la felicidad brille por su ausencia.

Es cierto que existen cientos de decálogos hablando de los errores que se deben evitar o las competencias que tendría el candidato perfecto, pero ¿qué sucede si es la empresa la que falla? Puede que la oferta se adapte a las necesidades que busca, pero ¿cómo saber si es la compañía que buscas? Para dar respuesta a estas dudas, IMF Business School ha analizado once cuestiones por las que se debe huir antes de que sea demasiado tarde:

RSC ¿qué? Si las políticas de Responsabilidad Social Corporativa no les interesan, el candidato tendría el primer motivo por el que plantearse si es realmente la compañía que busca. De hecho, ya hay estudios que aseguran que más de la mitad de los trabajadores prefieren cobrar menos, pero trabajar en empresas socialmente responsables. La RSC se ha convertido en un aspecto muy importante, es sinónimo de que no solo se preocupan por el medio sino también por sus empleados.

Eternos procesos de selección. Desde ese mensaje que dice que “la empresa ha recibido la solicitud” hasta “seleccionado para la entrevista”, ¿cuánto tiempo puede pasar? Algunos procesos se vuelven eternos y acaban con la paciencia de cualquier interesado. No hay que quedarse esperando durante meses a que la empresa decida quién es el candidato elegido. Si no son ágiles en un proceso tan importante como es la fase de reclutamiento, quizás tampoco lo sean en otras cuestiones que afecten al buen funcionamiento diario.

Las prisas nunca fueron buenas. Después de meses de entrevistas con diferentes empleados del departamento del recursos humanos, llega el momento de la entrevista con el máximo responsable, quien elegirá al nuevo empleado. Sin embargo, su agenda no le permite dedicarle demasiado tiempo y por lo que no tiene apenas tiempo a darse a conocer y posicionarse como el candidato perfecto. Si no tiene tiempo para conocer a un nuevo trabajador, ¿lo tendrá cuando haya que hablar de subidas salariares o flexibilidad horaria?

Cuestiones incómodas. ¿Se tiene hijos? ¿Se ha pensado en tenerlos? ¿Enferman con frecuencia? Estas son solo algunas preguntas que Piedad Castellanos, psicóloga, ejemplificó durante sus “Monólogos en la oficina”, evento celebrado en la escuela. Cuestiones que no solo incomodan al entrevistado, sino que le advierten de cómo será su futuro en un lugar así.

Horarios fijos. Al igual que los puestos para toda la vida, la falta de flexibilidad horaria ha quedado obsoleta. Si no es una empresa que apueste por el teletrabajo, puede que no sea el lugar en el que le gustaría trabajar.

24/7. Aunque sí es una característica que brinda la tecnología, no se traslada al resto de empleados y menos aún ahora que España regulará por ley el derecho a no responder mails o mensajes fuera de la jornada laboral o en el tiempo de ocio y de vacaciones del trabajador.

Choque de culturas. Que el jefe sea del Atleti o del Madrid no afecta a la hora de firmar un contrato laboral. Sin embargo, hay cuestiones que sí provocarían confrontación: baja maternal/paternal, días de vacaciones, conciliación… Hay que admitir la sabiduría del refranero español que dice que “hablando se entiende la gente”, pero si desde el principio no hay consenso en temas fundamentales, es muy difícil que lo haya con el tiempo.

Lupa en mano. No solo las compañías investigan los perfiles e información de los candidatos, también a la inversa. Se debe curiosear sus redes sociales y su web corporativa. Sin embargo, si no hay información acerca de sus valores, cómo cuidan al trabajador… la cosa no pinta bien. Empezar a trabajar en una compañía de la que no se conoce nada no es la mejor de la opciones. Si tampoco ofrecen información durante la entrevista, algo no está funcionando bien.

Falta de coherencia. Antes de firmar el contrato hay que asegurarse de que corresponde a lo que ofertaban: salario, horarios, vacaciones, puesto, duración… Estos errores no tienen cabida en cuestiones laborales. Mejor evitarlos desde el principio.

“¿Me oye? ¿Me escucha?” Los candidatos también preguntan y mucho. Hay que preguntar sobre las tareas, las posibilidades de ascenso, si cuentan con planes y acuerdos de formación, condiciones económicas e, incluso, la seguridad a largo plazo de la compañía. Si las respuestas son escuetas o quién hace la entrevista evita contestar algunas cuestiones, ¿merece la pena el sueldo?

Cuando todo es “fachada”. Muchas organizaciones presumen de la eterna sonrisa de sus empleados. Algunas de ellas aún creen la felicidad de estos es sinónimo de gimnasios y futbolines en el trabajo. Sin embargo, durante la vuelta de reconocimiento de la compañía puedes ver si los trabajadores representan esos principios o más bien parece una escena de una película de zombies.

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